domingo, 2 de enero de 2011

Sueño 02/01/2011 "Sueño con fiebre"

Estaba en la empresa en la que realizaba prácticas ya que allí tenía que terminar mi proyecto. Supuestamente no tendría que ir porque estaba mal de la pierna, a pesar de que podía andar perfectamente y estaba ya mas o menos recuperado, así que mientras caminaba fingía una cojera. Salí de mi puesto de trabajo, con mi ordenador, unas botas de fútbol y una gorra puesta y me dirigí a la calle.
En la calle se veía un cerro con una gran pendiende, un montón de casas salteadas y mucha gente en el césped a la cual no conocía

Me dispuse a subir el cerro, era realmente agotador y a veces la pendiente era tal, que si no te agarrabas a algún lado, te caías o te deslizabas pendiente abajo debido a la arena que había por allí. El caso es que seguí caminando y llegué a un punto en el que había una especie de rellano, aún así la pendiente seguía unos metros mas adelante.

Encontré una especie de caravana que tenía unas estanterías así que para aligerar mi carga dejé allí la gorra, las zapatillas y el portátil y seguí pendiente arriba. Llegué a un punto en el que no se podía avanzar y decidí volver a por mis cosas y a la empresa. La sorpresa fue que cuando quise encontrar lo que había dejado en la caravana no existía tal caravana. Comencé a buscarla por todos lados, lamentándome porque en el ordenador estaba todo el trabajo de hacía unos meses. Desesperado subía y bajaba el cerro, agotado y desanimado.

Un rato después me encontré con dos amigos míos, a los cuales no conozco, y pedí que me acompañasen. Por tanto comenzamos a subir el cerro y llegamos al mismo punto en el que yo me tuve que dar la velta la primera vez. Había una pequeña ventana en una roca tallada, era como una pequeña cueva, y en el techo estaba la única salida (la ventanita). Intentamos salir por allí pero además de que había que hacer gran fuerza para subir todo el cuerpo, la ventana era pequeña y cabíamos de milagro, encima estaba el agravante de que como cayeses de espalda podías matarte del golpe.

Conseguimos salir los tres, y lo que nos esperaba era algo que no tenía que ver de dónde veníamos. Había una piscina enorme, con el agua cristalina al lado de un regato. Lo primero que hicimos fue meternos con ropa en el agua, y cuando salimos, a pesar de estar muy mojados, nos quitamos toda la suciedad que se nos pegó por el camino. A lo lejos se veía un pueblo. Casas negras y en perfecto estado, aunque parecía que estaba completamente abandonado. Me acerqué sigilosamente y vi que un hombre se acercaba a una puerta y antes de golpear se bajaba los pantalones y la ropa interior y se arrodillaba. Después golpeó la puerta y salió un hombre grueso que le dejó entrar.

Me acerqué a la casa y repetí el mismo ritual. Me bajé los pantalones, me puse de rodillas y golpeé la puerta. Apareció el mismo hombre, se me quedó mirando y me dijo que pasase. En el interior de la casa había un gran salón con muchas personas sentadas en sillas. Todos vestían de negro y todos los hombres estaban con los pantalones bajados. Me senté en una silla y noté que todas las personas, tanto mujeres como hombres, me miraban. El hombre que tenía al lado comenzó a clavarme una aguja en el costado y el vientre, a la vez que intentaba acariciarme el pene. Yo me escandalizaba y apartaba la mano, entonces el hombre se cabreaba y me clavaba mas las agujas. Algo muy raro pasaba en aquel lugar, así que decidí salir a la calle. El problema fue que unas cuantas de esar personas me siguieron. A lo lejos vi que mis amigos se metieron en una especie de almacén, así que fui corriendo hacia ellos y me metí en el almacén. El hombre gordo entró con nosotros y de repente todas las paredes del local comenzaron a arder, rápidamente cogí del suelo una gran tabla de madera y se la dí a uno de mis amigos. Salimos a la calle, pero ya había mas personas raras. Nos rodearon. Mi amigo le dio un fuerte golpe con la tabla al hombre gordo, pero además de romper la tabla en miles de pedazos con la cara, ni siquiera se inmutó.

El hombre gordo cogió a mi amigo y le partió el cuello y reventó la cabeza con sus propias manos.

En ese instante llegó un policía, un hombre rubio, musculoso, con tatuajes y bastante bajito. Iba armado, pero nos defendió haciendo artes marciales. Una de las mujeres que había dentro de la casa se enfrentó a él y sin inmutarse le dio un golpe que le mató. En ese mismo instante llegó una mujer en un coche, fuimos corriendo hacia ella para escapara de allí, pero la mujer cometió el error de bajarse del coche, así que volvieron a rodearnos. Esta vez la asesina nos mató a nosotros, a excepción de la conductora, a base de disparos y golpes. Llegaron mas mujeres del interior de la casa, ya todas vestidas de blanco, y comenzaron a levitar. Agarraron a la conductora y la subieron al piso de arriba de la casa y la asomaron a una ventana. Le cortaron las manos y le ataron los brazos a la espalda y la tiraron desde esa ventana para que se partiese las piernas al contactar con el suelo. Todas las personas de la casa miraban sonrientes la macabra escena de que como la mujer intentaba llegar a su coche teniendo las manos cortadas y las piernas rotas, entre gritos, sollozos y torpes movimientos, la mujer desisitió y murió desangrada.
Fin de sueño.

1 comentario:

Sofía Berkana dijo...

Gore. Me sigue sorprendiendo que hayamos soñado lo mismo de que nos clavaban agujas, vale, a mi no me toqueteaban, pero a cambio era a martillazos :S